Estoy cansado. Casi las 7 de la mañana y un poco de alcohol en sangre pero nada me hace cambiar mi perspectiva de cómo veo las cosas, por lo menos en esta etapa de mi vida. Estoy cansado de las convenciones sociales y de el supuesto “acting” que cada ser humano tiene que realizar porque la norma social lo exige. Se me vienen a la mente imágenes del comportamiento humano cavernícola donde la acción era todo lo necesario para expresar el deseo. Ahora no es así. En esta sociedad industrializada poseedora de un lenguaje complejo y muchas veces inentendible, los deseos no se expresan de manera directa y comienzan a entrelazarse y enredarse en sí mismos hasta culminar en algo que tal vez es muy diferente a lo que surgió en un principio de la mente de su creador. Cocinamos y moldeamos nuestros deseos a una exigencia externa estúpida y carente de sentido solo por el hecho de encajar esa premisa dentro de la sociedad para convertir a nuestro deseo en algo “socialmente aceptado”. Ojalá pudiésemos entender que la forma más simple de satisfacer nuestros deseos no es disfrazarlos ni decorarlos con una falsa verdad, con una máscara estrafalaria de patetismo y que simplemente lo más sencillo es decir lo que uno siente: me gustás, te quiero en mi vida, necesito de tu presencia porque me hacés feliz, quiero intentar convivir con vos para ver si mis deseos corresponden a mi concepto de felicidad que quiero lograr.
Tan simple como eso.
¿Por qué nos complicamos la vida estableciendo rituales de apareamiento, de conquista o de seducción cuando lo más sincero y directo es decirnos a la cara lo que nos pasa en nuestro interior? ¿Por qué nos empecinamos en crear una realidad distinta a la conocida? ¿Es para evitar exponer nuestra seguridad personal o nuestro orgullo ante otro? ¿Realmente vale la pena “resguardar” esa seguridad? ¿No sería más fácil que cada persona diga lo que piensa, afronte las consecuencias de sus acciones y se prepare para lo que sea que venga después?
Las normas sociales establecidas en esta y cualquier otra sociedad, nos enseñan a ocultar la verdad. Nos enseñan a disfrazarla para quedar mejor, para poder expresar lo que sentimos o pensamos de una manera más civilizada. Pero lo que no se dan cuenta es que lo que logran es crear un comportamiento egoísta e irreal. Crean una concepción de la verdad propia errónea. Jamás alguien va a decir lo que realmente piensa del otro. ¿Por qué? Por miedo al rechazo, a la soledad interminable de la apatía. Por creer que la aceptación y el encajar es más poderoso que la honestidad.
Solo en raros casos uno puede encontrar a otro ser humano consciente de este problema y de esa forma poder expresar ante él lo que uno realmente piensa. De esa forma se forman lo que vulgarmente se conoce como “almas gemelas”. La conexión eterna entre dos seres vivos que va más allá de cualquier concepción o pauta social previamente establecida.
Un alma gemela. Alguien que, al igual que uno, comprende y se enorgullece de pertenecer a un privilegiado y minoritario grupo: el de la honestidad, la pasión sin escrúpulos y el sentimiento genuino de amor eterno.
Hoy me di cuenta de algo que se torna bastante sencillo ahora que lo se. No entiendo como antes no lo había pensado o cómo la gente en general se complica tanto pensando las cosas cuando lo más saludable y probablemente lo más rendidor es mirar las cosas como son, analizarlas un poquito por arriba y llegar a la conclusión de que nada es tan complicado como parece.
Me di cuenta lo fácil que es cambiar por completo un paradigma. Estoy hablando de un paradigma mental, ese gusanito latente que nos maneja inconscientemente, llevándonos a obrar de una manera y no de otra, el que nos define como nosotros mismos y que finalmente permite de una manera un poco englobadora, situarnos dentro de una categoría de comportamiento humano. Entonces, ¿qué es un paradigma mental? Yo lo veo como una conducta arraigada en lo más hondo de nuestro cuerpo, una moral gigantesca que hace que juzguemos según nuestras experiencias si algo está bien o mal. Eso nos define frente al otro, “vos sos así, no hay con que darle”, “sos igual que tu viejo”, “te conozco”. Son frases comunes que terminan conformando nuestra personalidad y permiten al otro, reaccionar de una manera muy específica a nuestro comportamiento, porque el otro nos conoce, sabe cómo somos y genera inconsciente (y a veces conscientemente) un patrón de conducta que es lo que termina formando lo que llamamos amistad, amor, o cualquier tipo de relación entre dos o más personas. Hablar con uno mismo es muy fácil, pero también peligroso. Nadie mejor que uno mismo para conocerse y estar de acuerdo con lo que se piensa. Todo es como uno lo dice porque no hay nadie a quien debatirle, no hay elemento opuesto ni con un pensamiento distinto al de uno.
Entonces se empieza a generar un monólogo interno que nos tira para abajo, o que nubla la claridad tan obvia de nuestra realidad y define a dos fuerzas enfrentadas: por un lado el interminable monólogo y por el otro la aparente complicada pero en realidad simple vida que tenemos delante todos los días. ¿Por qué simple? Porque más allá de todo problema, de toda maraña de complicaciones, la solución está a la vuelta de la esquina.
Me pongo a pensar por ejemplo, ¿qué tan difícil sería dejar mi vida atras, dejar un trabajo, un sueldo tranquilizador, dejar una familia, los encuentros, el cariño, dejar una banda, de jar el aprendizaje formal, dejar todo lo que se supone que uno debe hacer para ser feliz. Dejar todo para concentrarse en una sola cosa: sentir que es lo que a uno realmente lo hace feliz. ¿Es difícil? Es arriesgado, seguramente, pero difícil no creo.
No es acaso la búsqueda de la felicidad el pilar primario por el que los seres humanos vivimos? ¿Necesitamos todo lo demás o solo son distracciones, adornos lujosos que nos sedentarizan y nos devuelven los pies a la tierra?, a una tierra seca y sin sentido.
Se necesita coraje, seguro. Pero qué sensación más gratificante la de dejar todo para conseguir un sueño, para recuperar algo anhelado, para probar el fracaso, solo para saber qué gusto tiene. Tropezarse veinte veces pero finalmente llegar a destino. Es un camino largo y nunca nadie te va a asegurar éxito pero es un camino que creo que todo el mundo debería recorrer. Basta de conformarse con una vida arreglada o con un estereotipo perfecto. Eso no existe.
Hace años pensaba que esta frase era perfecta, que definía muchas cosas a mi alrededor sobre lo que pasaba por mi mente en un momento particular de mi vida: “el que tiene una certeza solo sabe equivocarse”. Ahora me doy cuenta de que esa frase tan pesimista, tan fuera de lo que ahora pienso es sinónimo de no arriesgarse. Y por más cliché que sea, es verdad que el que no arriesga no gana. Seguramente no se le garantice el éxito pero por lo menos habrá intentado por todos los medios buscar su camino hacia la felicidad. Llegar a moldear una convicción tan fuerte que nos permita dar ese salto cualitativo hacia lo desconocido es mi objetivo. Poder romper con las barreras opresoras de la sociedad que mira de reojo y que es reticente a cualquier cambio violento.
Eso es luchar por una convicción. Eso es luchar por lo que uno quiere de verdad. A la mierda todo lo demás, no hay nadie mejor que uno mismo para conocer lo que más nos hace felices. Vos.
Estoy cansado. Estoy cansado de los estándares, de los supuestos estándares y normas de conducta, de comportamiento humano, de lo que tenemos que hacer o deberíamos de acuerdo a una situación determinada. Lo que uno tiene que hacer es actuar según su convicción, según lo que uno sienta y dejar de lado las especulaciones, la teatralidad estúpida que nos controla y opaca nuestro verdadero ser.
Basta! basta de pensar, basta de enroscarse siempre en lo mismo y no llegar a nada! basta de volver siempre a lo mismo para no avanzar nunca. Lo que uno hace determina lo que uno será en un futuro, eso delimita nuestro camino a lo largo de este sinuoso y estrepitoso laberinto llamado vida.
A veces hay que aceptar lo que uno no quiere aceptar, es así, por más doloroso que sea necesitamos aceptar lo que odiamos con todo nuestro ser por un bien mayor. Por un bien que todavía no vemos y que tal vez nunca veamos pero que, segúramente, en algún momento encontraremos.
¿Por qué mierda no puedo olvidarme? ¿por qué solo me concentro en cómo me quema de dolor los momentos hermosos que pasamos? es un sentimiento que inconscientemente me hace bien. Saber que alguien estuvo en concordancia, en una sincronización perfecta conmigo mismo. Saber que compartimos no solo ideas o gustos sino también proyectos a futuro y promesas vacías pero hermosas.
¿Quién carajo se atreve a decirme que tengo que pensar distinto? ¿quién se atreve a prometerme el olvido o la sanación cuando todo lo que quiero va más alla de eso? ¿por qué no puedo apostar a algo mayor aún cuando todo el mundo me dice que es lo más erróneo que puedo hacer? ¿cómo hago para poder olvidar algo de semejante magnitud? ¿Se puede?
¿Cómo se olvida a una persona?, como algo que en un momento formó parte plena de la vida de una persona de repente puede pasar a segundo plano, a tercer plano y más hasta convertirse en una leve llovizna en la mente, alejándolo de toda realidad tangible? Seré un romántico idiota, un imbecil enamorado que no conoció muchos corazones rotos y no sufrió en carne propia el desamor, el olvido y el desprecio por otro. Tendré suerte dirán muchos. Otros dirán “es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca”. La realidad es que duele. Duele y siempre va a doler y no hay mucho que se pueda hacer al respecto salvo esperar. Si acaso existiese una solución mágica como en “Eternal Sunshine of a Spotless Mind” y aún así jamás me privaría de un recuerdo precioso porque para vivir se necesita sufrir. En eso consiste parte de la vida.
“Hacé tal cosa, hace tal otra”, cada uno responde creyéndose el gurú de las relaciones y pensando en la estratégia perfecta para olvidar un corazón roto. La verdad es que cada persona es diferente. Yo aprendí a entender y confiar en que nadie sigue una formulita idiota y perfecta que delimita su comportamiento. No podemos esperar una misma reacción de dos personas distintas. Lo entiendo, lo escucho pero no creo poder hacerle caso más que a mi mismo, a lo que yo realmente quiero y siento que necesito. Se llamará terquedad, o instinto de supervivencia o lo que sea que conforme esa unión neuronal que me hace pensar o decir una cosa en vez de otra, pero de esta manera se que es algo genuino. Desde lo más profundo de mi organismo, como si de una gran fábrica se tratara, miles de obreros consensuan en una posición común, en un modo de afrontar una situación complicada. Nadie hace piquete, nadie corta una calle ni tira piedras, solo se limitan a decidir que es lo que para su propia supervivencia y bienestar le conviene.
Aún así, después de todo este monólogo sin sentido, lleno de alcohol y lágrimas, hay algo que me limita. No soy yo, no es mi personalidad, no es mi capacidad. Es el otro. El problema de la seguridad personal es jústamente que es personal, es de uno mismo. No todos piensan igual que uno y cuando se genera una situación en la que dos personas deben decidir algo por un bien común se toma en cuenta un término medio. En general no siempre habrá dos lados contentos, de hecho en la mayoría de los casos habrá un desacuerdo terrible pero nada se puede hacer ante la decisión del otro, por más que duela y sangre.
“El tiempo lo cura todo”, más frases, más clichés. Yo no quiero una cura, quiero un emparche. Quiero una solución, todo conflicto la tiene. Quiero un camino alternativo, un atajo, una salida efectiva, un flotador que me salve de hundirme en la mierda.
Habrá que esperar y ver qué pasa…
Hace menos de un mes tuve un sueño rarísimo en el cual (y estoy resumiendo a partir de un boceto que escribí ese día, creyendo que era maravilloso de contar aca en el blog) pasaba lo siguiente:
Barrio tranquilo.
Chicos en rollers jugando en monopatín con aerosoles molestando a todo el mundo.
Yo inicio la batalla contra el bien y el mal. Finalmente me encuentro luchando contra esta fuerza maligna, tratando de disolver la cabeza de Hitler en fuego y lava para terminar por fin con la cruel batalla. Cuando finalmente lo logro me encuentro con una computadora cual juego de fichines que me dice que tengo que adivinar un acertijo para poder “reiniciar” el mundo y evitar que quede en un lapso inconcluso de no temporalidad (donde no pasa el tiempo pero seguimos todos vivos) y llamo a Stephen Hawkings quien no logra resolver el acertijo por mas que es uno de los hombre más inteligentes del mundo. De repente, por alguna razón aparece Nicholas Cage diciéndome si me gustaron sus películas a lo que yo respondí vagamente que no había visto nada suyo despues de “Contracara” y después mentí diciendo que habia visto una de sus últimas películas MALÍSIMAS de un motoquero en llamas. En definitiva, me termina diciendo que va a hacer un remake de “What about Bob” con Bill Murray a lo que yo aconsejo una muy mala idea…finalmente el mundo queda en un limbo, el tiempo no se reestablece y todos quedamos esperando a la llegada de nuestro inteligente mesías que restaurará los orígenes de la civilización.
Ahora mismo lo releo, tratando de hacer un post copado con este sueño y no le encuentro el más mínimo sentido ni nada que me haga creer que es genial, pero aún así me quedo con un concepto que me gustó y que por alguna razón me dejó pensando.
Soy ateo, no creo en Dios y se podría decir que no creo en muchas cosas, sobretodo en aquellas que no se pueden probar o explicar por medio de la ciencia. Sí, soy un escéptico en toda regla. No confío en el tarot, en la astrología, el coaching, la religión, la acupuntura, la medicina alternativa, las teorías conspiracionistas, el yoga, la hipnósis, los ecologistas, o cualquier forma de engaño sistematizado y generador de millones y millones de dólares en todo el mundo.
Dejando todo esto de lado, la idea de un limbo constante en el que el tiempo no pasa me resultó tentadora y no pude evitar traspolar esa idea a la cultura actual de “mesías” que tiene mucha gente. Un mesías que nunca llega pero que siempre es esperado con ansias cada año, donde cada creyente cita sin la más mínima prueba que “cuando llegue el mesías, aquellos que hayan seguido el camino del bien, se hayan arrepentido de sus pecados y hayan obrado según los mandamientos de dios serán salvados del juicio final”.
En este mundo superpoblado de tecnología, la idea de un mesías superinteligente que resuelva el maldito acertijo espacio temporal de nuestra existencia me hace recordar a los robots de los libros de Asimov. Un ser creado por el hombre, hecho para servir al hombre, una gran computadora hiperespacial, un Multivac inmenso capaz de resolver la respuesta a la vida y todo lo demás, casi como en “Hitchhikers Guide to the Galaxy”, solo que en ese libro/película la respuesta fue símplemente “42″.
Concebimos el mundo y tratamos de explicarlo mediante las leyes de la física y química, ciertas reacciones generan resultados que podemos medir para comprender mejor el mundo que nos rodea, pero ¿cómo reaccionaríamos ante un acertijo computarizado capaz de revertir el limbo temporal que nos deja flotando en el universo sin posibilidad de avanzar? Existe respuesta posible? y si existiese, ¿Quién o qué nos daría esa respuesta? ¿Podríamos tratar de entender al mundo como una simple red de conexiones binarias de ceros y unos? una matriz perfecta y ordenada pero a la vez compleja y tan vasta que nos tomaría una eternidad comprenderla?
Tal vez la respuesta sea no esperar nada. No necesitamos saber la respuesta. Piénsenlo un momento. ¿Para qué necesitamos saber la respuesta a la vida y todo lo demás? ¿No nos podemos contentar con vivir sin más, desarrollando nuestras habilidades, cumpliendo nuestros sueños, viajando por el mundo, o cualquiera que sea nuestra actividad predilecta? ¿Es realmente necesario comprender el mundo en su totalidad? Podemos elegir no saber, pero hay que tener cuidado con esto, ya que se puede caer en el más asqueroso concepto humano: la ignorancia desmedida. Richard Dawkins dijo una vez: “Lo que me preocupa de la religión es que le enseña a las personas a estar satisfechas con no comprender”. Esto es la ignorancia desmedida. El contentarse con no saber, el asumir cosas por el simple hecho de no querer mirar y corroborar los hechos. Esto es lo peor que puede pasarle a un ser humano. Yo hablo de elegir no saber de una manera exhaustiva, el poder admitir nuestros límites como seres humanos y así poder decir: hasta aca llegan mis conocimientos, no soy capaz de comprender absolutamente todo. Pero eso no significa renunciar a la ciencia ni mucho menos, los avances y los conocimientos seguirán existiendo y cada vez comprenderemos más nuestro planeta, solo que ciertas veces tenemos la posibilidad de decir: aún no estamos listos para esto.
Esperar un mesías es la salida fácil. Es la ignorancia desmedida decorada con siglos y siglos de imaginación y creatividad. Y funciona. La gran mayoría de la población se traga el cuento, cree en la serpiente y Adán y Eva, cree en un dios, cree en la reencarnación, en caminar sobre el agua eludiendo la ley gravitatoria, en que un hijo de carpintero (si alguna vez existió) curó a los enfermos de lepra, hizo volver a caminar a los invalidos y convirtió el río en vino. Suena sacado de un libro de fantasías para chicos y aún así durante siglos y todavía vigente, sigue muriendo gente en el nombre de Dios. Gobiernos enteros luchan en nombre de Dios, guerrilleros suicidas se inmolan en subtes, colegios o demás lugares públicos a la espera de 72 vírgenes y la salvación eterna. Y aún así la fantasía continúa.
Tal vez esperar a un mesías sea nuestro tumor incurable. Aquel que terminará por matarnos a todos eventualmente. Aquel que de un día para otro puede acabar con la humanidad hasta llevarla a la destrucción total.

ZappaZappaZappaFrankZappa me hiela el corazón, me calienta la mente, me transporta a un mundo perfecto con sus melodías asincopadas experimentales, con su “Rock en Oposición”. Porque ya nada es lo que fue y nunca jamás lo será. Porque para romper esquemas hay que arriesgarse al fracaso y Frank no fracasó. Frank triunfó desafiando al mundo entero, cantando sobre el bandido del enema de Illinois, Emma la de las piernas grandes, de ¿por qué me duele cuando meo?, de prometo no ACABAR en tu boca o de los labios de Punky, una sofisticada muñeca de placer masculino.
Estableció lo transgresor como moda jamás pasajera. Acostumbró a la crítica y a sus oyentes a un trabajo excepcional tras otro, no dando cabida al error. Sometió, a beneficio nuestro, a largas horas de ensayo cronometrado a sus privilegiados músicos para conseguir la perfección a sus ojos y por supuesto a los nuestros. Fue compositor, arreglador, guitarrista trascendental, director de orquesta…sinfónicas enteras pdieron y de hecho tocaron su música.
Reinventó el jazz, el blues, la música clásica, el funk y claro está el rock. El término “zappada” viene jústamente de su nombre, inspirando genialidad en las manos de cualquier guitarrista solista del mundo. Tiene un asteroide con su nombre, calles a su nombre y hasta un busto conmemorativo en Europa y EEUU. Llamó a sus hijos Moon Unit (unidad lunar), Dweezil y Diva, tras largas horas en el juzgado intentando que se los aceptaran como válidos.
Se opuso fervientemente al consumo de drogas, alegando que la capacidad de creación humana proviene de nosotros mismos y que no es necesario estar bajo la influencia de las drogas para componer grandes obras. Creo que su obra es prueba suficiente de su argumento.
Por eso, para el genio de los genios, para el artista más influyente de este siglo, dedico este pequeño homenaje que me da la sensación de quedarse corto pero que aún así resume fiélmente el sentimiento de admiración, estupefación y asombro por este increíble artista americano.
Long Live Zappa.
Gracias por toda tu música.
Hace mucho tiempo que no viajo en colectivo. En general estoy acostumbrado a que algún familiar se ofrezca a llevarme en cualquier lugar en el que estoy. Porque es así: siempre hay familiares cerca mío. En todo momento, a todas horas del día y justo cuando los necesito….y siempre motorizados!
Creo que pasaron más de 5 años. El boleto costaba $0,80 y ahora está $1,25…el chofer me suena conocido…me parece que es un primo lejano de mi tía. ¿Le hablo? Na, que va a saber quien soy. Seguro ni es él…no definitivamente no es. Igual no importa, ya falta poco para llegar. Los chicos ya deben estar esperándome: “Supertío!” me dicen. ¿Se ve que no lo hago tan mal no?
Esta semana estuvieron todos un poco preocupados por mi salud. Es que el mejor amigo de Sandra (mi prima hermana) es médico y no se cómo me había detectado una rara afección y me djo que lo vaya a ver. De esa consulta estoy volviendo en este instante. Creo que al final no tengo nada o por lo menos no recuerdo que me dijera nada malo.
¿Dónde estoy yendo? ¿Qué hago en este colectivo? ¿Por qué el chofer me mira con cara rara si jamás lo vi en mi vida? Somos completos desconocidos. Estoy confundido, me voy a bajar acá, si total no iba a ningún lado de todas formas.
Y ahora ¿qué hago? ¿Dónde es mi casa? Tengo que llamar a alguien que me pase a buscar pero a quién llamo? No conozco a ninguna de estas personas de mi agenda. Mejor camino.
Y así, concentrado en cualquier cosa llegó mi destino perfectamente evitable. Morir bajo las ruedas de un automóvil desconocido. Dicen que justo un segundo antes de morir ves la vida pasar ante tus ojos. Yo no vi nada. Solo blanco. Un telón vacío, sin gente, sin ideas ni recuerdos. Y justo en ese instante veo caer de mi bolsillo un frasco de pastillas. “Retrozipan” fue lo último que pude leer.
¿Qué tengo?
Retrozipan:medicamento suministrado a personas que padecen de un raro trastorno neurológico en el cual se cree que cualquier individuo tiene una relación familiar de sangre con su persona.
La verdad no creo en el destino…pero cuando me sirve como herramienta para autoflagelar mis emociones y decisiones en el pasado, es mi mejor amigo. ¿Qué es esta obsesión que tengo por volver hacia atras el presente? ¿Por qué muchas veces solo vemos el “qué hubiese pasado si”? ¿No sería mejor preguntarse “qué pasará si”?
El otro día estuve releyendo varios de los posts que había escrito últimamente y no tan últimamente y me di cuenta de una cosa muy importante: este blog no es un blog para ustedes, es un blog para mí, es una especie de diario íntimo escrito en prosa, en forma de cuento, de relatos raros, de historias inventadas, pero que todas y cada una de ellas tiene un significado muy puntual a un momento de mi vida. Por eso es muy increíble poder volver a atrás para poder seguir yendo hacia adelante. Entender mi personalidad de aca a 2 años atrás y poder comprender eso que antes me molestaba, entender ciertas cosas que en el momento de escribir tal o cual post no las entendía o símplemente poder reevaluarse a uno mismo.
El problema surge cuando todo esto se ve opacado por el “what if….”. Ese tumor cerebral constante que no es posible remover, está siempre ahí, presentándose en una que otra ocasión. A veces permanece oculto, inactivo como un volcán. Otras, sin avisar y sin razón aparente, hace erupción generando miles de nuevas dudas que creíamos resueltas.
Habiendo abandonado la psicología (no la carrera sino el análisis) pude darme cuenta de que el mejor psicólogo que uno puede tener es uno mismo. Más allá de que todos digan que hablando con uno mismo no es posible darse cuenta de elementos, conceptos que el psicólogo sí ve solo por el hecho de haberlo estudiado en algún momento de su carrera, me parece que es posible, y recomiendo fervientemente el poder entenderse en el nivel más humanamente posible, que no es poca cosa.
Con esto me refiero a poder analizarse con detalle pero sin caer en un enroscamiento eterno para así lograr algo diferente, un sentimiento distinto, un “algo” que nos cree ese click en nuestra mente y que nos permita seguir adelante, mirar para el futuro y no volver atrás. Entender que lo que pasó, pasó y lo único necesario para continuar es la fuerza de voluntad y el auténtico convencimiento de seguir adelante.
Sino, nos vemos obligados a releernos, a seguir buscando una respuesta donde no hay nada más que preguntas. Seguimos buscando poder descargar nuestra impotencia, furia, miedos y frustraciones en una hoja de papel, en una reacción vacía y sin sentido, en un futuro error imperdonable.
Todavía no lo logro, no me sale, sigue siendo parte de mi y no encuentro forma de hacermelo entender sin evitar una vuelta a lo mismo de siempre, pero no pierdo las esperanzas.
Ojala en un futuro no muy lejano y al paradójicamente estar releyendo esto, pueda al fin decir: superé mi pasado.

Este es un extracto de otro de los libros que encontré en mi acotada biblioteca. El libro es interesante, es una edición de vieja, una de las primeras que salieron sobre este tema, de hecho, esta publicación abrió paso a muchos otros que se dedicaron básicamente a plagiar su contenido, pero ese es otro tema. Salió a la luz a fines del siglo XVIII, época en la que el cristianismo estaba en constante expansión y su principal propósito fue el de refutar todo aquello que nublaba la mente de la población, es decir, la religión.
No voy a citar todo el libro en cuestión pero les dejo un extracto del capítulo 5, “Los orígenes de la mentira” en donde, en forma de lista, como si fuera un recetario, se van enumerando los diferentes pasos a seguir para lograr la pasividad y embobamiento humano:
Ingredientes:
1 grupo de personas carentes de rumbo. Preferiblemente débiles de mente.
1 dios (en algunos casos puede usarse más de uno)
1 nacimiento inmaculado
1 muerte seguida de resurrección
Preceptos y mandamientos a gusto
3 pizcas de amenaza y temor
1 o 2 procesiones o caminatas
Varios “milagros” aleatorios (para formar un milagro es necesario tener la cantidad adecuada de habilidad y magia, conseguir una multitud predispuesta a creer lo que sea que se les diga y mucha imaginación)
10 litros de persecución y asesinatos
1 líder máximo representante de dios
1 organismo oficial encargado de evitar la formación de frentes rebeldes
Preparación:
1. Introducir en un cuenco grande el grupo de personas carentes de rumbo junto con los milagros y batir hasta formar una masa espesa y estúpida.
2. Agregar el nacimiento inmaculado, la muerte seguida de resurrección y el dios y seguir batiendo. Volcar el contenido en una fuente con varios litros de preceptos y mandamientos e inmediatamente introducir las 3 pizcas de amenaza y temor.
3. Dejar asentar varios minutos. Cuando la masa esté fría agregar de a poco las procesiones y las caminatas y más adelante 1 lider máximo representante de dios.
4. Para evitar la formación de rebeldes agregar el organismo oficial junto con los 10 litros de persecución y asesinatos.
5. Introducir al horno unos 2000 años y dejar enfriar.
OPCIONAL: si se le quiere agregar un toque moderno a la preparación, agregue varias Iglesias Universales de Dios adineradas (las brasileras son las mejor para este uso) y repartalas unifórmemente por la masa.
Buenos Aires, 14 de Enero de 2010:
Existe entre algunos hombres (y también entre algunas mujeres) un particular efecto, podríamos llamarlo el efecto bloqueo. El efecto bloqueo consiste en no poder evitar el estar temporalmente deshabilitado de toda actividad normal cotidiana por el simple hecho de tener cerca, ya sea en presencia física o cibernética a ese organismo que pareciera irradiar ondas que paralizan el cerebro, lo dejan tonto, inútil y atrofiado de cualquier otra cosa que no sea este mismo sujeto.
Muchos podrían llamarlo amor, otros podrían decirle hechizo o tal vez solo encantos naturales. La realidad es que este tipo de personas existe. Existen entes emisores de este hechizo y entes especialmente propensos a recibirlo.
Por el otro lado están los elegidos: un grupo selecto de personas que tiene la capacidad cerebral de bloquear estos terribles rayos nocivos y puede vivir en completa tranquilidad, sin tener ese abobamiento constante alrededor suyo.
Los receptores de estas ondas, es decir los sumisos, romanticos empedernidos, soñadores de felicidad extrema, estan en constante contacto con los elegidos, a veces sin saber que estos últimos poseen el secreto contra su mal.
Muchos de ellos en realidad piensan que los elegidos son unos estúpidos, unos mujeriegos idiotas que no les importa nada ni nadie y que se la creen de sensibles sin realmente serlo. Estas relaciones obviamente traen conflictos. Por un lado, los elegidos creen ser los mejores, los mesías del sexo, los dioses del olímpo cuya única misión en la tierra es fornicar a todo aquello que respire oxígeno y por el otro aparece el sensible, aquel que comprende más allá de lo aparente, el que puede discernir entre la insinuación de una mirada y lo que realmente comunica, el que cree fervientemente en su lucha contra el elegido por considerarlo un macho grasiento y podrido por dentro, sin corazón y sin sangre (obviando la que fluye constantemente por la punta de sus órganos). Todo esto ocurre oculto entre falsas apariencias. Los elegidos y los sensibles pueden ser amigos y muy buenos. El elegido entonces no dejará pasar oportunidad para contar sus peripecias en la cama mientras el sensible escuchará atentamente y asintirá con la cabeza o con carcajadas breves seguidas de una exclamación bervorrágica.
Otro tipo de relación simbiótica entre sensibles y elegidos es la que sucede cuando el sensible ya no desea seguir siendo controlado por las ondas paralizantes sino que quiere convertirse en un elegido, tarea bastante más complicada de lo que se cree. El elegido entonces puede optar por dos resoluciones: 1- Enseñar al sensible a evitar las ondas, tratando de moldear su personalidad y cambiando su manera de pensar o 2- Negarse o dar el caso por perdido. Si ocurre el caso número dos, se llega a un estado peligroso, conocido como llanura mental. Cuando el sensible llega a la llanura mental ocurren varias cosas.
En primer lugar su autoestima se ubica en su nivel más bajo, invitando a su persona a abandonar cualquier tipo de esperanzas en sus relaciones sociales y llevando al sensible a un reclutamiento interior muy difícil de revertir.
En segundo lugar puede ocurrir totalmente lo contrario. Ante la pérdida de esperanza por parte del elegido a continuar con la enseñanza del sensible, éste puede verse todavía más implacable e intransigente en su búsqueda de comprensión y entendimiento de esos rayos que no lo dejan pensar cláramente.
Esta última situación entra en lo que se llama el período intenso de la llanura mental. El individuo que la padece no solo no quiere escuchar a los consejos de su alrededor sino que no puede hacerlo. Un poderoso efecto inconsciente actúa en la mente del sujeto a la par de los rayos mentales que proporciona con seguridad la prevalencia de los mismos y por ende, un sometimiento completo.
Variantes de esta afección pueden ser vistos diariamente en figuras reconocidas nacional e internacionalmente. Se dice que la presidenta Cristina Kirchner padece de esta enfermedad y su esposo Nestor Kirchner también la tendría. Muchos creen que la Casa Rosada completa está afectada pero la noticia jamás se confirma por el pánico que podría ocasionar.
Alertamos a los ciudadanos de este país en este comunicado médico breve para tratar de evitar que este mal se propague sin control. La información es la herramienta más poderosa para prevenir catástrofes y confiamos en que expandan este mensaje a todo el mundo para así poder disfrutar de una sociedad libre de terquedad, torpeza e indiferencia.
Muchas Gracias.
Prof. Dr. Alfredo Buzzi
Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

40.000 personas, todas en un mismo lugar. Todas tratando de ir hacia el mismo lado, esperando juntas la llegada de su transporte, ese que los llevaría a cada uno a su hogar. La gente está cansada pero feliz. Han pasado 5 horas desde que comenzó el principio del mejor recital de mi vida. El mio y el de seguro muchas otras personas.
Luis Alberto Spinetta y las bandas eternas, esa interminable lista de extraordinarios músicos que forjaron y siguen forjando la historia de nuestro amado rock nacional, conmocionaron a todo Velez al interpretar las canciones de siempre, esas canciones que por más de tener 10, 20, 30 o hasta 40 años de antiguedad, siguen conservando la misma vigencia y frescura de aquel tiempo.
No existen palabras para describir por completo la mágica noche que viví al presenciar al flaco tocando con sus bandas de siempre, además en una privilegiada posición en fila 2 de campo vip (si, campo vip), que a duras penas pero con muchísima honra y orgullo pude pagar. No me lo hubiese perdido por nada en el mundo.
¿Qué más habría podido pedir que estar a metros nada más de mis ídolos del rock? : Luis Alberto Spinetta, Charly García, Pomo Lorenzo, Beto Satragni, Machi Rufino, Leo Sujatovich, Rodolfo García, Edelmiro Molinari, Emilio Del Guercio, Black Amaya, Carlos Cutaia, Juan del Barrio, David Lebón y muchos otros que aún ausentes, estuvieron ahí con nosotros, presenciando un momento único para el rock argentino: la constancia, el equilibrio y la convicción que después de tanto tiempo, todavía es posible hacer buen rock nacional. Que a pesar del estado del rock actual en nuestro país, siempre llegan los grandes para recordarnos que el rock no ha muerto, que todavía tenemos con que y que lo vamos a seguir teniendo por muchas generaciones más. Porque lo que empezó hace ya más de 40 años con “Rebelde” de los Beatniks, “La Balsa” de Tanguito o Los Gatos, Almendra, Manal, Vox Dei y demás, nos demuestra que nuestra música trasciende fronteras y épocas y tengo la certeza de que así como yo y muchos otros jóvenes más pudieron disfrutar el viernes de la música que escuchaban mis viejos, en el futuro no tengo dudas de que mis hijos o nietos seguirán escuchandola. Porque la buena música nunca muere.
El recital comenzó con “Mi Elemento” y siguió con “Tu vuelo al fin” y “Ella También”. Después de esta breve introducción llegó el turno de Spinetta Jade. Sonaron canciones míticas y hermosas como “No Te Busques Ya En El Umbral”, “Con La Sombra De Tu Aliado (El Aliado)”, “Alma De Diamante” y “¿No Ves Que Ya No somos Chiquitos?”. Todas interpretadas por un inspiradísimo Spinetta que en todo momento se lo vió feliz, cumpliendo el sueño de volver a tocar con todos sus músicos, aquellos que conforman su carrera, su vida y su historia. En esta etapa intervinieron Diego Rapoport, Leo Sujatovich, Mono Fontana, Baltasar Comotto, Juan Del Barrio y Javier Malosetti. Luego de esta acalorada bienvenida a Jade, llegó la hora de presentar a otro grande del rock nacional: Fito Páez. Ovación de pie para el rosarino que tocó dos temas, uno propio “Las Cosas Tienen Movimiento” y “Asilo En Tu Corazón” de su disco en conjunto con el Flaco “La La La”.
Le siguió un cover en homenaje a uno de los padres fundacionales del rock argentino, Miguel Abuelo con su tema “Mariposas de Madera” al que el flaco confesó tímida y graciosamente el haber robado inconscientemente la inspiración para “Muchacha Ojos de Papel”. Tras esta canción, otro cover de uno de los más grandes compositores de nuestro país Lito Nebbia. Con una versión diferente pero potente de “El Rey Lloró” de la mano de Beto Satragni el excelente bajista de Raíces, el Flaco iba aumentando la emoción en el estadio, preparándolos a todos para su ansiada vuelta a los escenarios con Los Socios del Desierto (él los llamó Los Socios del Concierto) Pescado Rabioso, Invisible y la mítica Almendra, sin antes realizar otros tres covers, con invitados como Gustavo Cerati y Juanse: “A Dónde Está La Libertad” del genial Norberto Napolitano, más conocido como Pappo, “Te Para Tres” de Soda Stereo y “Bajan” del disco “Artaud” primero catalogado como de Pescado pero claramente un disco en solista de Luis Alberto.
Luego vinieron éxitos como “Cementerio Club” de Pescado y un popurrí increíble de la mano de Leo Sujatovich en los teclados en las que, acompañándolo solo al Flaco tocaron “Era De Uranio / Vida Siempre / Maribel Se Durmió” seguidas.
Le llegó el turno a la parte rara del concierto, Spinetta entusiasmado llamó a su hijo Dante Spinetta para realizar un cover de Javier Martinez de Manal. “Necesito Un Amor” sonó con potencia y con mezclas raras de rap realizadas por
otro de sus hijos, Valentino Spinetta.
En el punto cúlmine de la noche y sin saber qué esperar de este maravilloso recital, Spinetta nos sorprende con una magnífica interpretación de “Filosofía Barata y Zapatos de Goma” de Charly. Minutos más tarde, entra el genio al escenario, un amigo íntimo que ya meses atras había compartido escenario con El Flaco en su concierto de regreso. Nada más y nada menos que Charly García con el que, al igual que su concierto, interpretó “Rezo por Vos” sin no antes despedirse con 40.000 fanáticos de pie, ovacionándolos a ambos.
“Esto todavía no se termina”, repetía el Flaco una y otra vez a lo largo del recital. Sabiendo que esta era su noche, la noche de su consagración final y disfrutando como nunca antes, una fiesta que no quería apagarse jamás. Los Socios del Desierto realizaron una breve interpretación de tres temas: “San Cristóforo”, “Bosnia” y “Nasty People” y dejaron a la gente expectantes para lo que todos sabían que iba a venir.
El punteo único de la guitarra de Luis, realizando esa melodía tan conocida y tan peculiar, invitándonos a disfrutar con él el regreso de su banda, en mi opinión más sólida, Invisible. Sonaba “Durazno Sangrando” y la gente no paraba de emocionarse. Le siguió “Jugo De Lúcuma”, la impresionante “Lo Que Nos Ocupa Es La Conciencia, Esa Abuela Que Regula El Mundo” y “Niño Condenado”. Todas interpretadas con la calidad incesante que predomina en una banda tan perfecta como Invisible, con Pomo y Machi como partícipes. Lamentablemente lo bueno dura poco e Invisible se despidió de su público sin antes tocar un homenaje a Tanguito y su “Amor de Primavera”.
Todo el público vociferó “Pescadoooo, Pescadooo”, en expectativa de la furiosa y poderosa siguiente banda. Pescado, con David Lebón a la guitarra, un espectacular Cutaia al órgano Hammond, el genial Black Amaya a la batería y acompañado por Guilermo Vadalá en bajo arrancó con “Poseído Del Alba”, “Mañana O Pasado” y “Serpiente (Viaja Por La Sal)”, tres clásicos de su escueta discografía y siguió con “Credulidad”, “Despiértate Nena”, “Me Gusta Ese Tajo” y “Post-Crucifixión“. Culminó esta etapa con gran altura, con las expectativas cumplidas y siempre con ganas de más. Porque esta era una noche que seguía negándose a terminar, que seguía cautivando a 40.000 personas sin hacerlas moverse de sus asientos porque todavía faltaba la frutlla del postre. Almendra.
Esta última etapa comenzó con una canción del talentoso Edelmiro Molinari, “Color Humano” que hizo rugir la guitarra y confirmó una vez más como el sonido de Almendra ya era adelantado a su época. Cuarenta años después del primer LP del grupo, sonaban nuévamente las canciones que los consagraron en los setenta. Pasaron después “Fermín”, “A Estos Hombres Tristes”, “Hermano Perro” y culminó esta increíble presentación con una versión a capella y con Luis a la guitarra acústica de “Muchacha (Ojos de Papel)”. Emotivo final para un concierto que parecía no acabar nunca.
Ya siendo casi las 3 de la mañana, sonaron las últimas 5 canciones de la noche. “8 de Octubre” interpretada con Ricardo Mollo a la guitarra, “Retoño”, “Seguir Viviendo Sin Tu Amor”, “Yo Quiero Ver Un Tren” y finalmente “No Te Alejes Tanto De Mí”.
El Flaco Spinetta termino una noche única, inpensable hasta el momento, tras 5 horas de música, la gente pidió más y lo va a tener, siempre que el Flaco siga construyendo su música, siempre que en el rock argentino prevalezca el afán de lograr algo interesante, distinto, innovador e inspirador. Por eso, ahora que pude plasmar todo aquello que viví el 4 de diciembre de 2009, volviéndome a casa caminando unas 50 cuadras desde Velez hasta Nazca y Juan B. Justo, en ese precioso momento de reflexión en el que me costó poder entender que yo había estado ahí, yo había sido parte de la historia del rock, pude apreciar y lo seguiré haciendo que el rock nunca morirá.
Gracias Flaco por todo, y al igual que tu última canción en Velez, ojalá que nunca jamás te alejes tanto de mí.