Friday, June 19th, 2009

¿TecnoLógico?

El otro día me quedé sin compu. Lo que pasó es que mi pobre cargador decidió perecer justo en el peor momento, justo cuando más lo necesitaba. Y lo peor de todo es que no me di cuenta hasta un tiempo después de que estaba roto. Entonces fue demasiado tarde y solo tuve 20 minutos para despedirme de la tenue luz brillante de la computadora. Tuve 20 minutos para hacerme la idea que me separaban 1200 segundos de la oscuridad. Este planteo que puede parecer como mínimo exagerado, no es tan alejado de la realidad que cualquiera de nosotros puede vivir. Es realmente así. Nos desconectamos del mundo entero. Y apenas se apago esa única lumbre globalizada, quedé solo. Solo con mi oscuridad, mis objetos inanimados a mi alrededor como pidiendo atención. Y estuve solo, sin saber qué hacer, buscando algún grito tecnológico que saciara mi sed de comunicación. Agarré el iPod, escuché música. Después volví a lo rústico, a mi guitarra, lo único que puede calmar mis ansias de cualquier cosa. La calma, la música y el olvidarse de todo, transportarse a otro mundo, donde no existe nadie más que yo y mi guitarra. Y después agarré el charango. Toqué una de Paul, una nueva. Una hora más tarde, a mi alrededor solo había oscuridad. La laptop estaba cerrada a mi derecha, como si nunca jamás hubiese sido abierta y yo estaba en la cama, mirando hacia adelante, pensando. Un rato después solo quedó dormir.

Es increíble. En el momento lo pude percibir perfectamente: somos completamente dependientes de la tecnología. A pesar de haber podido distraerme con otras cosas, no pude evitar pensarlo. ¿Acaso ahora somos presos de nuestros objetos? necesitamos realmente lo material para poder ser nosotros mismos y comunicarnos con los demás? ¿O se puede vivir totalmente ajeno a todo eso?

Un amigo hace poco se fue a vivir al campo, a un pueblo perdido de la provincia de Buenos Aires de unos 300 habitantes o tal vez un poco más, basta con decir que tiene un “borracho del pueblo” para darse cuenta de la insignificancia del lugar. En este pueblito, no hay internet. Apenas llega el teléfono y no estoy seguro de que haya cable. Pero él decidió ir a vivir a este lugar, no soportaba la ciudad. ¿Quiere decir entonces que encontramos por lo menos una persona que renunció a la tecnología? No necesariamente. A veces llegamos a convivir con ella casi sin darnos cuenta, es por eso que en el momento en que está ausente no sabemos qué hacer. Caminamos por las paredes buscando una solución, se nos ocurre entrar a internet para buscar alguna ayuda pero no! no hay internet, hay que recurrir a las viejas páginas amarillas en donde NUNCA se encuentra lo que se quiere, tienen olor a viejo de los siglos que pasaron escondidas en algún cajón apolillado de la casa y pesan 5 kilos cada una. Es volver a la prehistoria! Por eso nos apegamos tanto a nuestra querida tecnología. La necesitamos, aprendimos a vivir con ella y cuando falta, la extrañamos como si fuera nuestro mismo aire que respiramos.

Ahora todo funciona, mi laptop volvió a la normalidad y yo aprovecho cada día los placeres que la tecnología me ofrece. Me pregunto, ¿no sería mucho más interesante de ver, una especie de Gran Hermano pero donde los integrantes estén despojados de cualquier aparato tecnológico? Ahí se vería la verdadera naturaleza humana. Cero micrófonos, equipos de música, televisores, radios o computadoras. Nada que permita conectarse al mundo externo. Solo quedarían las personas en una caja cerrada, esperando a reaccionar con ellas mismas. Sería algo interesante de ver, un poco más inteligente y útil que los estúpidos programas a los que, por suerte, no tengo la posibilidad ni siquiera de verlos haciendo zapping ya que no tengo cable.

Feliz aniversario a mi. Este es el post número 100!

Mañana regalito, o más adelante…

Post by Ariel Wiznia at 8:48 | Permalink | Comments (0) |

Saturday, June 6th, 2009

La teoría de la bondad

La teoría de la bondad

Sí. Esta me parece la única explicación posible al problema que tenemos como país. Porque es realmente así, somos una mierda de personas, todos. No se salva ninguno. Aunque muchos digan lo honestos y bondadosos que son, solo pertenecen a elaborados cuentos ficticios o leyendas urbanas perdidas en el murmullo popular.
Entonces, ¿cómo un país tan enorme, poblado con la mayor riqueza y abundancia, plagado de gente capacitada, profesionales, especialistas y personas dispuestas a trabajar contra viento y marea para salir adelante puede estar tan pero tan podrido? ¿No deberíamos ser potencia mundial? ¿No deberíamos ser Suiza, Finlandia, Dinamarca, Noruega? Incluso deberíamos ser más que estos países, que carecen de materias primas como el trigo o la soja. Pero no, algo ocurre. Algo en nuestra manera de ser, en nuestros genes nos dice que tenemos que comportarnos de otra forma, ser más vivos, más atorrantes, más ARGENTINOS. Esa es la viveza criolla: la del me las se todas, el engaña pichanga, el cuento del tío, el veo sin mirar, la mano en la lata, la coima segura. Y es así como nuestros supuestos valores invaluables se ven opacados por un falso orgullo de querer ser diferente, pero diferente en el peor de los sentidos. En el sentido que ni siquiera podemos darnos cuenta de que nuestra tan ostentada imagen, inteligencia y astucia es la que nos condena a seguir en un río de mierda y podredumbre sin un rumbo fijo.
Y mientras todos nosotros nos emborrachamos de ego y supremacía sobre nosotros mismos, otros, dentro de este mismo sistema, estan pensando….piensan en la posibilidad de sacar provecho a esta situación. Se imaginan como se puede lucrar a través de este punto ciego de la sociedad que nadie parece observar. Entonces surge un nuevo personaje en escena: el argentino piola. El que esta vez, si sabe más que los demás y piensa aprovecharlo.
Argentina es uno de los pocos países en los que cuando existe una crisis, los precios aumentan. ESE es el argentino piola. El último respiro de una sociedad agonizante que lucha por no ahogarse. Ese último recurso que queda cuando ya no hay nada más, cuando la última gota de dignidad humana ya cayó en el mar de la indiferencia y la corrupción. Por eso solemos ver como cada uno se preocupa por uno mismo. Si fulanito aumentó los precios de sus productos, menganito también los aumentará, no porque sea realmente necesario ni porque la economía lo exiga, sino porque ni fulanito ni menganito van a arriesgarse a ser “los únicos boludos que no aprovechan el empujoncito de más”, esos 100 pesos más en la recaudación, ese nuevo celular para sus hijas, o lo que sea.
Y ahora sí, llegando al punto central del análisis uno puede pensar: un momento! no puede ser que sean todos garcas, alguien honesto TIENE que existir en este mar de gente!. Aquí entra en juego lo que me gusta llamar “La teoría de la bondad”. La teoría de la bondad consiste en presentar una vez cada tanto, alguna noticia, titular o reseña de algun personaje increíblemente honesto que devolvió plata perdida.
Últimamente llegó una seguidilla de estos sucesos como se pueden ver en los siguientes titulares:

Un taxista devolvió $ 130 mil que habían dejado en su coche

Un policía devolvió $350.000 a la clienta de un supermercado

Tres amigos devolvieron 30.000 pesos

Un empleado devolvió 10.000 pesos olvidados en el aeropuerto de Córdoba

Una costurera encuentra un paquete con $100 mil en la calle y lo devuelve

Seiscientosveintemil pesos en devoluciones. No les parece un poquito raro? Si creen que sí, entonces podrían acercarse a lo que quiero explicar. Si no tuviesemos estas noticias, estaríamos totalmente perdidos! ¿Quién acaso daría un mango por un país en el que todos son chorros y nadie es honesto? Es necesario crear algo que nos mantenga calmados, pensando que todavía hay esperanza! todavía existe gente buena capaz de rechazar semejantes tentaciones porque “es lo correcto”. Por eso también es normal encontrar frases clave en cada una de las notas de estos titulares. Por ejemplo:


La costurera, sin dudarlo, le devolvió el dinero al hombre, a pesar de que su marido se encontrara desempleado y de que ella se ganara la vida repartiendo con su moto las prendas que cose en su casa.

El dinero pertenecía a un mendocino que había ido a comprar una finca en San Juan. Este hombre quiso darle una recompensa a Liliana, pero ella no aceptó.


“Aunque vivimos al día, jamás se me ocurrió quedarme con ese dinero. Y muchos me dijeron que por eso era una tonta. Pero yo prefiero trabajar y dormir con la conciencia tranquila”, explicó la mujer.


“Todo se me cruzó en un pantallazo. Pero nunca dejé de pensar en que la plata no me pertenecía y que tenía que devolverla”, aseguró el hombre.


El matrimonio, seguramente aliviado, regresó a Córdoba y tras agradecer a Rubén, le ofreció una recompensa que el empleado, padre de cuatro hijos, no quiso aceptar.


“En un momento pensamos los tres qué hacer con tanto dinero, pero después nos dimos cuenta que no podíamos quedarnos con él porque no era nuestro”, señaló.

La mujer se había olvidado una agenda con dinero y cheques en un carrito. “Sólo cumplí con mi deber”, dijo el cabo, que es padre de ocho hijos.

Creo que es más que evidente la línea en común que siguen estos textos. Absolutamente TODOS pensaron que estaba mal quedarse con plata ajena, todos cumplieron con su deber de ciudadanos, gran parte de los buenos ciudadanos tiene más de 3 hijos y viven precariamente y casi ninguno de ellos quiso aceptar alguna recompensa por el acto.

ACA HAY ALGO RARO! no les parece? Lamentablemente ya no me queda esa esperanza ciega que otros si deciden ver, que nos dice que aún nos podemos salvar, todavía estamos a tiempo.

Yo creo que cada vez nos hundimos más.

Post by Ariel Wiznia at 8:20 | Permalink | Comments (0) |

Friday, May 15th, 2009

La Hermana de Dios

No me acuerdo como llegué a parar adentro de su auto, en realidad ni sabía que ella manejaba, pero raramente se desenvolvía muy bien en ello. Cada tanto me miraba y me preguntaba cosas. Parecía tranquila, como si ya supiese donde estabamos yendo. Eso también me pareció raro porque tengo entendido que una mujer de más de 60 años poco debe conocer de Ciudad Universitaria…de todas formas se había ofrecido llevarme hasta ahí así que pensé que no tenía nada de malo en ir con ella.

No presté atención al camino ni a las calles que tomaba, estaba demasiado concentrado en sus preguntas, en la manera en que me miraba.  En mi interior siempre supe que estaba un poco loca, pero había algo en su mirada que hacía que por momentos me olvidase de su frágil salud mental y empezara a creer que estaba sentado al lado de una persona sana y correcta.

“¿Cómo estás Arielito?, ¿lo extrañás?, yo lo extraño mucho, siempre pienso en él” - Lo repetía una y otra vez, como esperando una respuesta distinta de mis labios. Como esperando algo que jamás sería real por más que se dijera una o mil veces.

Yo estaba calmado, esperando el fin del viaje para continuar con mi rutina. Es lo único que recuerdo del viaje, sus preguntas. Después de eso solo un profundo vacío en el estómago. Supuse que ya estabamos llegando. Según mis cálculos se tardaba aproximadamente 20 minutos desde mi casa a la facultad y ya estabamos en tiempo límite, por eso observé por la ventana para tratar de ubicarme. “¿Dónde estamos? Esto no es Ciudad Universitaria, estamos perdidos.”

Su respuesta fue solo una mirada. Vacía. Calma. “Levantate Arielito”.

Inmediatamente miré hacia afuera, tratando de entender sus palabras. Estabamos alto, en una montaña. Tres metros más adelante, una banquina delimitando el camino del ancho y profundo precipicio. Otra vez pensé para mi mismo: “¿Dónde estamos?…¿Levantate? ¿Qué me quiso decir? ¿Será levántate y anda, como Jesús? No entiendo nada.”

Un segundo más tarde sentí el envión, supe lo que iba a pasar. El auto aceleró a gran velocidad. También sentí el golpe al chocar y despedazar la banquina. “Sos una hija de puta!” le grité.

De repente flotamos y eso fue todo.

Post by Ariel Wiznia at 0:26 | Permalink | Comments (0) |

Friday, May 1st, 2009

God Blés America

argentina-unida-de-america

Bueno, finalmente después de un par de meses vuelvo a la escena. Estaba recién volviendome en bondi de la facu cuando vi un cartel en la calle que hizo que se me ocurriera escribir este post. No era un cartel ordinario, resulta que ahora en Punta Carrasco inauguraron un nuevo boliche donde antes era Mint (aaay estoy en el ambiente electrónico, me siento re bien). A los inteligentes de los dueños y publicistas del lugar no se les ocurrio mejor manera de promocionar el lugar sino la de llevar un reconocido DJ a enfermarles la cabeza a miles de jóvenes con tiempo libre. Es por eso que si uno pasa con el auto por la entrada del lugar, o en mi caso en colectivo, puede ver un cartel enorme que informa que DJ Pelotudo viene a tocar el 2 de mayo. Hasta aca todo bien, pero el problema fue cuando me dispuse a leer el cartel un poco más detenidamente. Decía lo siguiente: DJ Pelotudo, Mandarine Club, Saturday May 2nd.

No creo que haga falta explicar lo que sobresale en esa frase…pero bueno para todos los cortos de mente lo que sobresale es que está en inglés!!!!! A ver, yo no entiendo algo! hasta ahora creía que vivíamos en un país de habla hispana! y ahora vengo a enterarme de que no, somos todos ingleses! (el que no salta es un inglés!). Yo puedo entender que con el cambio barato, muuuuchos turistas vengan a nuestro país a gastarse sus dólares y a comprar matecitos en San Telmo, pero de ahí a que se establezca que en un boliche en donde la mayoría de la gente que va es de acá, se pongan los carteles en inglés, hay una gran diferencia! La verdad me sorprendió bastante como esto leve pero gradualmente se convirtió en un país de exportación. Y pensándolo mejor, durante los 10 minutos siguientes hasta que descendí del vehículo, me di cuenta de que todo está en inglés.

Ya no existen los centros de atención telefónica, ahora se llaman Call Centers, no tenemos melodías en nuestros celulares, tenemos ringtones, usamos pagers, los carniceros no venden bife, venden Roast Beef o como a ellos les gusta decirlo: Rosbíf. Todos usamos jeans en vez de vaqueros, en la televisión ya no vemos publicidades, vemos spots publicitarios, los actores hacen castings, cuando estamos repletos de trabajo estamos “a full”, en un hotel hay halls de entrada, los vestíbulos se extinguieron hace muchos años, compramos ropa en los shoppings, la gente que sale a caminar hace “footing”, los más acomodados van al “country” a pasar el fin de semana, yo tengo puesto unos “boxers” en este instante, después de afeitarme me pongo un After Shave, si en una carrera hay varios puestos, eso es un ranking, si pedimos comida no nos la entregan a domicilio, nos hacen un delivery, quién no vio alguna vez los carteles de SALE 20% en cualquier esquina de Buenos Aires? En resúmen, hay miles de ejemplos.

No pude evitar pensar que todo esto aunque fue gradual, ya está totalmente instaurado en la sociedad, ya todo el mundo asume que  estas palabras son de nuestro lenguaje, nadie se pone a pensar:  ahh no para, pero esa palabra es yanqui, se dice de esta otra forma en realidad…

Jamás me pasó.

Hasta que punto un lenguaje nos define como país entonces? Personalmente varias veces caminando por la calle escuché más gente turista hablando en inglés que argentinos. No digo que sea malo, de hecho los extranjeros son los que conforman este país y lo convirtieron en este mix de razas, pero llegamos a un punto en que todo el planeta va a estar tan conectado, que va a ser muy difícil poder marcar las diferencias como lo hacíamos hasta ahora. Ya es así, sino imagínense lo que era el mundo hace 30 o 40 años. Las comunicaciones eran lentas, la gente se perdía de vista, no se sabía del otro a menos que estuviese viviendo en la misma ciudad, e incluso en una misma ciudad ya era complicado.

Ahora, con el avance de las tecnologías, yo me tiro un pedo y se entera medio mundo. La vida privada dejó de ser lo que era antes. Los directores de cine son unos genios! ¿Alguna vez alguien vio una película con tintes futuristas donde de alguna manera o de otra, TODOS usan la misma vestimenta? ¿Nunca se preguntaron por qué carajo todos se visten igual? Ahora podemos preguntarnos y deducir: ¿será la globalización que englobará todo tan masívamente que también influirá en la manera en que pensemos y nos vistamos? Es para pensarlo…

Y antes de terminar, para dar un ejemplo de la estupidez más grande creada en internet (si es que la hay, siempre me sorprendo cada día más). El nombre de esta estupidez es Twitter. No le quiero hacer propaganda porque  ya bastante se están cagando en guita con ese “invento” pero la globalización es tan grande que solo hace falta buscar en google como para encontrarlo…Twitter es un sistema por el cual uno se registra y puede dejar mensajes sobre lo que está haciendo en ese momento específico. Todo en un límite máximo por post de 140 caracteres. Mucha gente lo adora, lo necesita y dice que les cambió la vida. Para mí es un ejemplo más de lo mediocre que se volvió todo gracias a esta sobreglobalización. ¿A quién le interesaría saber que me estoy yendo a cagar porque estoy descompuesto, que me acabo de levantar de la siesta, que acabo de llegar de la facultad, que me hice de comer o que estoy terminando de escribir un post en chuhuevounpame?

Solo a la masa globalizada que somos todos nosotros, aunque a veces ni nos demos cuenta.

Post by Ariel Wiznia at 5:08 | Permalink | Comments (0) |

Monday, April 13th, 2009

Rediseño Version 2.0

Wordpress

Bueno, ahora si, tras largas horas programando por fin puedo decir que tengo el diseño perfecto! ya funciona en todos los navegadores (o eso espero) y nos pasamos de Blogger a Wordpress que es mil veces mejor que el anterior. Prepárense que Chuhuevo Un Pame se viene con todo!!

Ah, para los que tienen suscripcion por mail (ya se que son pocos), cambie la direccion por esta otra por si la quieren cambiar, sino a la derecha también se pueden suscribir.

Saludos!

Post by Ariel Wiznia at 3:30 | Permalink | Comments (0) |

Thursday, March 12th, 2009

El Síndrome del Corazón Roto


Juan Cruz siempre fue un hombre escéptico. No creía en las religiones ni en el tarot, ni en las profecías divinas, ni siquiera creía en el amor, el más primitivo acto humano existente desde el orígen de la especie en el mundo.
Nada de esto era real para él. Solía decir con frecuencia (y lo mantenía a rajatabla) que “solo la ciencia puede explicar el mundo que nos rodea y todo lo demás son sandeces sin sentido”. Conducía su vida por un sendero de exactitud, precisión y lógica pura y jamás permitía que lo desviaran de su paso. También su terquedad se había desarrollado fuerte y vigorosa, imponiéndose por cansancio a cualquier contrincante que osaba contradecirlo.
Pero hubo un día en el que Juan supo la verdad.
Hubo un día en el que Juan se equivocó.

El Síndrome del Corazón Roto es una condición que se puede manifestar luego de un episodio de estrés emocional. El individuo afectado, luego de sufrir el choque emocional, desarrolla dolor de pecho y dificultad respiratoria y en muchos casos muere.
Juan sabía de esta condición, la había escuchado por amigos suyos que no eran escépticos a los que él llamaba “creyentes”, pero nunca le había dado demasiada importancia, en realidad le parecía gracioso y absurdo.
No podía comprender como un acto sentimental podía ocasionar síntomas reales en una persona y de hecho poder llegar a matarla. Todo esto producía en él una sensación desagradable y confusa, lo sentía pegado a su paladar, como una bola pesada y empapada de preguntas y dudas que debía expulsar de su cuerpo. No le gustaba para nada, pero por alguna razón era algo que no podía olvidar.
Es así que comenzó a visitar bibliotecas, las más grandes y completas del país para aprender y tratar de comprender aún más los complicados procesos de la mente humana y tratar de resolver si es posible realmente morir de amor. Vale la pena aclarar que en sus primeros días de expedición no tuvo mucha suerte. De hecho, no encontró nada más que textos médicos llenos de palabrería incomprensible para él donde se explicaba el fenómeno físico pero nada más. Pero Juan necesitaba la otra cara de la moneda: necesitaba encontrar el puente entre lo sentimental y lo físico. “Qué irónico”, pensaba él, “resulta que para hallar la duda que me carcome días y noches tengo que dejar de ver a la ciencia como única explicación al mundo y debo abrir mi mente hacia conceptos abstractos e indefinidos como los sentimientos y el amor”.
Juan buscó durante varios días pero tampoco encontró nada. Hasta que un día Ana encontró a Juan.

Ya pasaron dos años desde que Juan Cruz inició su incesante búsqueda por comprender su mayor incertidumbre. Juan seguía siendo Juan, pero su búsqueda no había durado ni 2 meses. Ana le había hecho olvidar todo por lo que, en ese momento, consideraba su mayor anhelo.
Ana había cambiado su vida. A lado de ella se sentía distinto, como flotando en una nube, con una sensación extraña en el estómago de excitación y alegría inconmensurable. La veía y sonreía. La miraba y la admiraba. Quería estar a su lado cada minuto, tocarla, sentirla, olerla y besarla. Ya ni siquiera se molestaba por discutir con los demás. Ahora lo importante era ella.
Siempre pensaba que podría recorrer el mundo 10 veces y volver con tal de hacerla feliz. Decía que nada era más importante y que nada le daba más placer.
Ana y Juan compartían risas, anécdotas, llantos y peleas. Se querían y se necesitaban, podían pasar horas solo mirándose a los ojos, estudíando cada rasgo del otro, mirando hipnotizados al amor de su vida.

Pero un día Ana se cansó de mirar. Ya no quiso compartir ni debió pensar que necesitaba de él. Ya no lo quiso sentir, ni besar ni tocar ni oler. Todo dejó de existir y Ana se fue.

El estómago se cerró, un fuerte pinchazo le sacudió las piernas y subió rápidamente. Su garganta le comenzó a doler y sintió que no podía respirar. También sus ojos le pesaron y se llenaron de lágrimas. Juan ya no quizo reir tampoco, no tuvo fuerzas para discutir o para levantarse siquiera.
Se le arqueó la espalda y sintió que se caía. Segundos más tarde un fuerte dolor en el pecho lo azotó sin parar. Pudo sentir sus nervios quebrarse en mil pedazos y penetrar sus aurículas y ventrículos. Todo se tornó oscuro y creyó que ese era el final. Y en los pocos segundos de consciencia que le quedaban pudo por fin resolver su duda máxima. La experiencia le había dado lo que los libros jamás pudieron.

Y en ese momento Juan el escéptico dejó de existir.

Post by Ariel Wiznia at 6:33 | Permalink | Comments (0) |

Thursday, January 1st, 2009

Rediseño completo!

Bueno, para inaugurar el 2009 con todo, aca va en período de prueba el nuevo diseño de “Chuhuevo un Pame” hecho a sudor y sangre completamente por mí. Espero que les guste (y sobretodo que puedan verlo!).

Todavía no anda bien en ciertas resoluciones, voy a ver qué carajo hago para que se arregle.

Post by Ariel Wiznia at 2:09 | Permalink | Comments (0) |

Wednesday, December 3rd, 2008

Oid Inmortales!


¿Quién no imaginó alguna vez un futuro en el que las enfermedades no existen, donde nuevos descubrimientos hacen de este mundo, un mundo fantástico solo posible en nuestra imaginación, por ahora?
Todos estos temas son muy populares en estos días. En la televisión series como Fringe o Heroes
o películas como Death Becomes Her, nos brindan una realidad fantástica donde las habilidades supernaturales son algo cotidiano: hablar telepáticamente con una persona muerta, saber lo que otra persona está pensando, crear campos eléctricos con el cuerpo, volar, viajar en el tiempo, etc. Todo parece ciencia ficción y de hecho la mayor parte de la población así lo cree. Pero hay una persona que se dispuso a cambiar esta concepción y apostó a lo que hasta ahora solo se conoce como fantasía: Mark Roth. Su nombre no nos dice nada, pero la investigación que está realizando me sorpendió mucho y me hizo pensar las cosas de otra forma.

La inmortalidad. Se dice que el deseo más anhelado por el hombre es la inmortalidad y que nuestra existencia tiene como principal objetivo el conocer y entender el mundo, para dominar todo lo que nos rodea y poder alcanzarla.
Pero ¿qué significa no morir nunca? Sabemos que los cuerpos tienen un tiempo limitado de vida y por eso en algun momento, aunque no sabemos cuando, vamos a dejar de existir. Nuestro cuerpo se apagará y no podemos evitarlo. Obviando esto, ¿es posible llegar a un punto en el que símplemente no podremos acumular más conocimientos? ¿No podría llegar a pasar que tras miles y miles de años de vivir y experimentar nuestro cerebro se saturaría y diría basta?
La realidad es que por ahora no lo vamos a poder saber pero lo que sí sabemos es que el hambre de conocimiento está instalado en la mente del hombre. Desde chicos miramos el mundo para tratar de comprenderlo, tocamos, olemos, sentimos los objetos, escuchamos la música, aprendemos la comunicación verbal y no verbal.
Pero esta práctica inconscientemente natural de crecer y aprender, ¿no conlleva riesgos hacia nuestra integridad física, que es justamente lo contrario a lo que se quiere llegar? Porque para por ejemplo conocer nuevos mundos se tuvo que perder mucha gente en misiones a la luna o marte, para que se haya instalado el capitalismo como sistema económico predominante se tuvo que pasar por varias guerras, para haber llegado a la revolución industrial o la revolución francesa, miles de personas tuvieron que morir.
En definitiva, nuestra búsqueda de invencibilidad nos condena a seguir pereciendo porque al fin y al cabo, seguimos siendo seres con fecha de vencimiento.
Vean la teoría de lo que todavía parece ficción…aunque no se si lo es.

Acá está el artículo traducido:

Hay cosas que usted debería saber, solo porque son raras. Sabía que la gente que tiene diabetes exhala combustible de cohete? Es verdad, pero es raro, verdad? Y la combustión espontánea. Eso también es verdad, aparentemente. La gente símplemente explota. Mark Roth guarda un archivo de ello porque, bueno…por un lado está interesado en la genética de la combustión espontánea y por otro, está interesado en aquello que evita que la gente explote…todo el tiempo. Quiero decir, por qué no deberían? La gente nunca pregunta eso. Pero tampoco preguntan muchas cosas. Los seres humanos tenemos 37°C de temperatura. Es más o menos lo común. Pero ¿por qué? Nadie te explica eso. Podés leer mil libros de biogenética y ni siquiera se harán la pregunta. Entonces, no está explicado, y así es como se pueden aprender cosas. Podés aprender cosas cuando no están explicadas. Tomemos el caso del movimiento, por ejemplo. Nosotros, los humanos, estamos absolutamente programados para estar interesados en el movimiento. De hecho, si sos biólogo, sos en realidad un movimientologo: estudías aquello que se mueve. Sos un esclavo de lo animado. Lo que, por supuesto, es lo que ayudó a Mark Roth a dar con la idea de que la desanimación es la mejor escena.

Ahora, Mark es un científico. No es un filósofo o un loco. Él prueba cosas, experimentando, basándose en el método científico. En 2007, se compró una MacArthur, así que es un genio, certificado. [...]

Hay algo raro con los científicos. Usted podría pensar que aman la ciencia ficción. Pero no. Admitir que sacan las ideas de la ciencia ficción, siendo científico, es como una amenaza a tu carrera. Y sí, Mark Roth es un científico. Pero es un científico de la manera en la que uno quería serlo cuando era chico. Con raras sustancias, peligrosas sustancias, tóxicas, en realidad, las más tóxicas conocidas por el ser humano!
El año pasado, cuando uno de sus sobrinos estaba en un negocio en Carolina del Sur y su madre, la hermana de Roth, entró para llevárselo, el chico no se movía porque estaba petrificado mirando la última edición de “Ripley’s Believe It or Not!” y su madre finalmente le tuvo que gritar…cuando ya estaban en el auto, en la ruta, le dijo a su madre que tendría que haberlo dejado leer ese libro porque: “el tío Mark está en él”. El tío Mark no se disgustó cuando su hermana lo llamó más tarde esa noche para decirle que había aparecido en Ripley’s. Tenía trabajos publicados en “Science”, en “Nature”, tenía trabajos publicados en una de las más prestigiosas revistas médicas del mundo, pero ¿”Ripley’s Believe It or Not!” por su trabajo de animación suspendida posible en seres humanos? ¿Llegó a Ripley’s? Eso fue un honor. Eso era ciencia.

Lo gracioso es que la animación suspendida no era la idea más rara que había tenido cuando decidió dejar de ser reduccionista - que es lo que la mayoría de los científicos hacen - para convertirse en un expansionista. Y fue definitivamente una decisión, un momento de desesperada claridad. Había tenido demasiado éxito dividiendo ARN en el instituto Carnegie en Baltimore para darse cuenta de dos cosas: primero, que algunos científicos no estaban necesariamente contentos de que haya tenido éxito en dividir ARN; y segundo que los mismos científicos que no estaban contentos querían que lo siguiera haciendo el resto de su vida. Lo que lo convenció en dejar ese convencionalismo y empezar a buscar ideas en la oscuridad fue…la oscuridad misma.

En 1995, la esposa de Roth, Laurie, dio a luz a su segunda hija, Hannah. Ella nació con Síndrome de Down y un corazón con un ventrículo. Mark tenía 38 años. En ese momento era investigador en el centro de investigación de cáncer Fred Hutchinson en Seattle y si su hija sobrevivía esperaba tener un ayudante por el tiempo que él viva. Se encontró con Laurie y le contó. La obligación de salvar a Hannah lo había puesto en el papel de buscar al científico dentro suyo y el científico dentro suyo quería nada menos que cambiar el mundo.

Después Hannah murió. Murió después de una cirugía de corazón. Tenía poco más de un año.

Y entonces Mark empezó a fallar. Seguía haciendo experimentos, seguía haciendo ciencia pero era como experimentar con el fracaso mismo.

¿La primer falla? Inmortalidad.
Se había interesado en la posibilidad de la inmortalidad. No es que no sabemos el secreto de la inmortalidad. Lo sabemos. Sabemos donde está. Está en las gónadas. Quiero decir, si tenés un hijo, te convertís en inmortal — los humanos sabemos eso. Es conocimiento intrínseco, evolutivo. Pero lo que la mayoría de la gente no sabe es que podemos ver la inmortalidad, por un microscopio de electrones. Las células inmortales que se encuentran en las gónadas se llaman células gérmenes y lo que las hace diferentes a cualquier otra célula en el cuerpo es que tienen protuberancias. Tienen unas protuberancias llamadas Gránulas-P, ahí es donde el secreto de la inmortalidad tiene que estar, en las protuberancias. Entonces Mark Roth se interesó mucho en esto. Pero no fue el único. Estuvo corriendo para identificar una de las proteínas de las protuberancias. Y perdió. Perdió con Susan Strome, una científica de la universidad de Santa Cruz. Y no hubo segundo premio.

Lo que Roth entendió que tenía que hacer era fallar otra vez. Fallar manteniendo la promesa de crear algo de inmediato beneficio para los seres humanos. Es muy difícil de diagnosticar la enfermedad autoinmune del Lupus. Pero cuando estaba haciendo la división de ARN, Roth se dio cuenta de una manera de hacerlo y se propuso tratar no solo de desarrollar la prueba sino comercializarla, él mismo. Y lo hizo. Por 3 años es todo lo que hizo, sin parar. Desarrolló la prueba, consiguió la patente y fue a buscar la aprobación del FDA por lo que había creado. Fue el primer científico en tener la aprobación del FDA por una prueba diagnóstica que realizó él mismo, sin ayuda de una corporación en sentido académico. Ahora tenía justo lo que quería: algo que resolvió un problema, algo que realmente ayudó a la gente.

¿Sabe a cuántas personas ayudó? No ayudó a nadie. Fue un cero enorme. No porque no funcionó sino porque no había mercado para ello. O porque había un mercado pero no era lo suficientemente grande para convencer a una compañía farmacéutica de crearlo y distribuirlo.

Así que ahi estaba Mark Roth, a finales del siglo, no solo un científico sin fondos en el centro de investigación contra el cáncer Fred Hutchinson sino un científico sin fondos legendario. El que le dijo a sus colegas que quería ser el hombre que cambiara la ciencia media para siempre y en el siguiente suspiro les dijo todo sobre la combustión espontánea. O la animación suspendida. Un hombre brillante Mark, pero la gente se le rió en la cara por sus raras ideas. De todas formas aprendió algo con sus fracasos. Y lo que aprendió fue no que era demasiado raro, sino que no era lo suficientemente raro. Su pensamiento era muy pequeño. Si querés cambiar el mundo, tenés que cambiar tu manera de pensar primero. Y la única manera de lograrlo es refugiándose en lo inexplicable. Tenía una agenda para ese efecto, llena de fenómenos inexplicables y buscaba en sus páginas la idea rara para convertirla en la gran idea. Estaba tratando de buscar la correcta cuando empezó a leer el expediente de la gente que había sobrevivido a una hipotermia. Esquiadores en Suiza perdidos en avalanchas, borrachos en Chicago que se quedaron dormidos en invierno, para todos los casos estaban muertos, excepto que no lo estaban, excepto que podían ser revividos. Animación suspendida.

Roth nunca dejo de lado el sueño de la inmortalidad. Seguía obsesionado con las protuberancias. Empezó a pensar en ellas de otra manera. Ok, las protuberancias son inmortales, entonces ¿cómo lo hacen? ¿como logran ese objetivo? Y acá está la respuesta: no hacen nada. Están inactivas. Son inmortales porque para todos los propósitos, en términos de movimiento, ya están muertas! Y tal vez eso es la inmortalidad. La gente siempre lo piensa en términos de vivir para siempre. Pero tal vez solo significa no morir. No morir cuando se supone que debes morir, sobrevivir los momentos mortales. No sabemos lo que es la vida de todas formas. Solo sabemos lo que la vida hace: quemar oxígeno. Es un proceso de combustión. Todos somos como velas que léntamente se queman, transitando nuestro camino hacia el precioso O2 hasta que se convierte en nuestra toxina, hasta que nos hacemos viejos y morimos. Pero vivimos con 21% de oxígeno así como vivimos a 37°C. Están relacionados. Disminuí el oxígeno un 5% y morimos. Pero miren, la concentración de oxígeno en sangre que corre por nuestros capilares es solo del 2 o 3 %. Ya estamos casi muertos! Entonces, ¿qué pasaría si bajamos la necesidad de oxígeno de la vela? ¿Qué pasaría si bajamos la intensidad de la vela que ni siquiera tenemos la energía para morir?

Y así empezo la carrera de Mark Roth como desanimador. Desanimar es….desanimar. Tomás el suplemento de oxígeno de una criatura y la estás desanimando. El truco, por supuesto, es dárselo de vuelta. En un principio no fue fácil. Roth estaba usando agua pesada, veneno de rata y estaba siendo un desanimador sin ser un reanimador. Los demás científicos se reían de él: Hey Roth, ¿suspendiste algo hoy? Pero después lo hizo. Desanimó algunas nematodas (gusanos) con nitrógeno. Roth las llevó al agujero de la muerte, que era una atmósfera con menos del 1% de oxígeno. Murieron. Pero después las sacó del agujero de la muerte y volvieron a la vida cuando el oxígeno fue reintroducido. Entonces trato con monóxido de carbono. Pero no mató a los gusanos. Solo bajó la intensidad de la vela, no sacando el suplemento de oxígeno sino privando a los gusanos de usarlo. Y ese es el salto que Roth hizo: usar las toxinas para un beneficio. Usando una de las más tóxicas sustancias conocidas por el hombre para interferir con los efectos tóxicos del oxígeno. Cuando las criaturas mueren de hipoxia, no mueren porque no tienen el suficiente oxígeno; mueren porque siguen quemando el oxígeno que no tienen. Lo que Roth hizo fue encontrar una manera de separar la célula viviente, no del oxígeno mismo, sino de la capacidad de usarlo.

Igual, eso eran gusanos y él estaba buscando ese beneficio en humanos. No era como si fuera a convencer a un humano cuerdo del beneficio del monóxido de carbono. Entonces, una noche en 2002, mientras miraba televisión, pensando en lo que siempre pensaba: que clase de toxinas podría utilizar para evitar que los mamíferos quemen oxígeno. Estaba viendo “Nova”. Era un capítulo en una de esas cuevas en México que exhalan grandes cantidades de sulfuro de hidrógeno, un gas 10 veces más tóxico que el monóxido de carbono. Nada debería vivir en esas cuevas, sin embargo estaban llenas de todo tipo de criaturas fascinantes que hacían que la gente quiera ir a verlas. Pero tenían que tener mucho cuidado o serían desanimados con un respiro de sulfuro de hidrógeno.
Más tarde se dio cuenta de la utilidad del sulfuro de hidrógeno. ¿Sabía que la existencia de ADN, de la vida, es anterior a la existencia del oxígeno? ¿Sabía que la vida temprana existía no respirando oxígeno sino comiendo rocas? ¿Sabía que esas rocas eran de sulfuro? ¿Sabía que somos descendientes de esos microbios come rocas? ¿Sabía que nuestros cuerpos producen sulfuro de hidrógeno? ¿Sabía que nuestros cuerpos probablemente lo usan para evitar que nos quedemos sin oxígeno?

Por supuesto, Roth seguía sin fondos. Seguía siendo un fracasado investigador que buscaba comprar grandes cantidades de gas venenoso el año después del 11 de septiembre. Acudió a Mark Groudine, la cabeza de su departamento en Fred Hutchinson. Le pidió $20.000 que le permitirían comprar algunos tanques de sulfuro de hidrógeno y el equipamiento que le permitiría medir las respuestas de los ratones que pretendía desanimar. Mark le dio el dinero. Roth desanimó a los ratones.

El laboratorio de Roth empezó desanimando gusanos, ratones, ratas, perros, chanchos…pero fue el artículo publicado el año anterior en otra revista lo que le daría finalmente dinero federal. El artículo era sobre parar el corazón de los embriones de pez cebra. El artículo reportaba que el laboratorio de Roth era capaz de para sus corazones por nueve horas para después volvérselo a iniciar. Quiero decir, esos peces estaban muertos…Así es que un día en 2001, Roth recibió una llamada a su laboratorio. Era de ADAPI. La Agencia de Defensa Avanzada de Proyectos de Investigación. “¿De verdad hiciste lo que decís que hiciste?”, pregunto el manager del programa de ADAPI. Cuando Roth le aseguró que sí y le dijo que su intención era evitar que la gente no muera cuando tienen ataques al corazón, el manager de ADAPI dijo: “bueno, nosotros estamos tratando de evitar que la gente muera desangrada” y empezó a ocuparse de que a Roth le paguen.

Así es como en 2005 fundó su propia compañía de biotecnología, Ikaria.
Mark guarda una pequeña botella llena de líquido en su escritorio. Tiene una tapa de plástico naranja y un lazo dorado alrededor del cuello. Es un derivado de sulfuro de hidrógeno y es el primer producto de animación suspendida de Ikaria. Completó la fase 1 de prueba en Australia y Canada. Está siendo probada en humanos para asegurarse de que es segura. Está desanimando personas ahora! Está siendo probado en chanchos en Texas, los militares están haciendo las pruebas. Están haciendo cirugías en chanchos anestesiados y los están desanimando para ver si sobreviven al desangramiento. Si funciona, va a ser considerado en caso de emergencia en Irak.

Post by Ariel Wiznia at 3:49 | Permalink | Comments (0) |

Tuesday, October 28th, 2008

La historia de Villa Valdéz

No hace muchos años, en una pequeña colina emplazada a orillas de un río, se encontraba Villa Valdéz. Era una aldea simple y pintoresca con no más de 100 habitantes donde todos se conocían entre sí. Excelentemente conservada, hacían de ella, un lugar único, paradisíaco y totalmente inconcebible en aquel destruído mundo. Villa Valdéz había escapado de la feroz guerra del siglo por estar perfectamente ubicada entre valles, lo que le permitió sobrevivir escondida de las bombas y los ataques exteriores y de las personas de otros pueblos cercanos.
Era una aldea tranquila, quizás demasiado…Es por esto que su sistema de comunicación era tan peculiar. Los refranes estaban a la orden del día y nadie concebía ni sabía comunicarse con el otro si no era con ciertas palabras concatenadas de manera armoniosa, con una tonalidad amigable y una aproximación inofensiva.
Don Julio, el panadero del pueblo solía decir: “Cuando hay hambre, no hay pan duro”, refiriéndose a la mala calidad de sus baguettes a pesar de su esfuerzo.
Margarita de la casa grande solía llorar todas las noches por Julio, su ya ex esposo que se había fugado, según ella, con una “señora” de otro país, y la había dejado sola como un perro. Todos los pueblerinos, en pos de calmarla y consolarla cantaban al unísono: “Ojos que no ven, corazón que no siente” al notar que Margarita decía estar bien y no parecía afectarle la huída de su esposo.
Roberto, el hombre más pobre de Valdéz, solía quejarse a cielo abierto por su mala fortuna y repetía sin cesar a cada hombre, mujer o niño que pasaba por su puerta: “unos nacen con estrella y otros estrellados”. Paradójicamente, su mujer, Teresa, le repetía todas las mañanas como forma de consuelo que “a quien madruga, dios lo ayuda”, pero jamás solía hacerle caso.
Todo el mundo en Villa Valdéz tenía su frase predilecta y la utilizaba hasta gastarla. Era su forma de comunicarse y era la única que sabían. Nadie jamás los había molestado. No existían los bancos, las inversiones de capital, los despidos o la burocracia. Tampoco los asesinatos o los ataques al corazón o la presión alta. Cada uno vivía acorde a sus necesidades y nadie le exigía nada al otro. Nada atormentaba a los habitantes de Villa Valdéz ni tenía por qué hacerlo. Tampoco creían necesario abrir sus puertas al mundo, en general todos vivían bastante bien y los que no, eran ayudados por los demás.
La tranquilidad reinó por varios años. El estable sistema de refranes (surgido completamente de casualidad) mantenía el orden y la paz entre la gente de Villa Valdéz. Por mucho tiempo no pasó nada más…

Un día como cualquier otro, el hombre más influyente del pueblo, el señor Fausto, observó a lo lejos del sendero que llegaba hasta el bosque, una figura esbelta y misteriosa. No hizo falta ir a averiguar quién era ya que se dirigía directamente hacia la aldea. Rápidamente todo el mundo salió de sus casas expectante del que podría ser el primer visitante extranjero de Villa Valdéz.
Su nombre era Sir Robert Lang, explorador incansable, viajero empedernido y poderoso productor rural. Se presentó muy amablemente con los perplejos habitantes del pueblo. Pronunció reiteradamente y con un cierto ego la calidad de “Sir” que le había otorgado la propia reina de Inglaterra y se limitó a establecer un diálogo completamente comercial con el señor Fausto, principal representante del pueblo en temas importantes. Nadie dudaba de la capacidad del señor Fausto de saber aprovechar al máximo una visita tan importante, lo que nadie sabía es que la vida en las grandes ciudades era muy distinta a la que ellos conocían y por tanto, el concepto de trampa o engaño no era conocido. Además, la figura de Sir Robert emanaba elegancia, astucia y carisma. Eso fue lo que llevó a Villa Valdéz al otro extremo.

El señor Fausto salió contento de su reunión con Sir Robert y se dispuso a comentar a los demás lo que había sucedido: Queridos amigos…quien mucho abarca poco aprieta…yo se los dije! a su tiempo maduran las brevas! El señor Robert Lang nos ofrece una oportunidad única, quiere comprar Villa Valdéz a cambio de comida, salud y bienestar para cada uno de nosotros para siempre! Se que es difícil pero es una gran oportunidad que debemos aprovechar. Confíen en mí! ¿no es verdad que a buen entendedor, pocas palabras bastan?

Nadie sabía que decir, pero era cierto que las enseñanzas y decisiones del señor Fausto siempre habían sido acertadas en tiempos anteriores. Después de una tarde de reflexión, todo el pueblo decidió comprar su libertad a cambio de su título de propiedad. Nunca más habría hambre o pobreza, todos vivirían felices sin ninguna preocupación. La decisión estaba tomada y era buena.

No pasó mucho tiempo hasta que pudieron ver el terrible error que habían cometido. Un año, tal vez un poco más. El primer indicio de que las cosas no estaban bien fue la prensa. De un momento a otro, Villa Valdéz pasó de ser un misterio oculto para convertirse en una propaganda al mundo del turismo. Decenas de personas llegaron por día para conocer la extraña ciudad de los refranes. Surgieron así, centros de turismo y parques de entretenimientos, todos ellos administrados por Sir Robert Lang. Con el pasar del tiempo fue necesario construir bancos y empresas de inversión para sustentar los micro emprendimientos que surgían en el pueblo y las pequeñas casas de adobe pasaron a ocupar un segundo lugar frente a los inmensos edificios que ahora se asentaban a metros de sus hogares.
Dos años después de la apertura, Villa Valdéz debió cambiar su nombre a Ciudad Valdéz ya que su cantidad de habitantes ya superaba los 10.000. Poco podía verse de la amistosa y pintoresca aldea que una vez había sido.
Ya nadie se hablaba por las calles, no había tiempo para hablar. El tiempo era dinero y el dinero era lo principal en Ciudad Valdéz.
Los originales 100 habitantes dejaron de conocerse. Margarita nunca más contó su historia de amor fracasada. Don Julio cerró su panadería y se lanzó al mundo del mercado bursátil. Roberto simplemente desaparecio de Valdéz y nadie nunca más supo donde fue a parar.
Pero Fausto siguió viviendo allí, en la misma casa donde 5 años antes había recibido a su destructor. Nunca más salió. Su vida se había resuelto con un plato de comida diario desde hace mucho tiempo. Su patética nueva vida. Y así, lamentándose en la oscuridad de su presente, Fausto Gonzalez comprendió que hombre prevenido vale por dos, que más vale poco que nada y que indefectiblemente en todas partes se cuecen habas.

Post by Ariel Wiznia at 5:55 | Permalink | Comments (1) |

Saturday, September 27th, 2008

Slavagorn Duropia

Acabo de volver del viaje más excitante e interesante de mi vida. Recién abro los ojos y todavía no estoy seguro de si fue otra cosa, algo real y auténtico. Entré en lo más profundo de mi mente, en recovecos que no conocía y que se abrieron ante mi como la flor más sedienta de pólen. Estuve despierto pero dormido. En realidad yo supe en todo momento que algo así no podía estar sucediendo y que todo era o producto de mi imaginación o de mi inconsciente. Yo estaba dormido en realidad y lo sabía. Pero había algo más que no se iba…esa sensación de realidad constante, como si todo se tratara de un viaje de ácido o algo por el estilo. Además, me desperté varias veces en el recorrido, abrí los ojos, miré las paredes de mi habitación, contemplé la verdad de la consciencia, del estar despierto pero, a pesar de todo eso, mi cerebro pensó distinto y yo seguí soñando, aún en el momento de mayor lucidez ocular.
¿Qué pasó después? Irrelevantes situaciones, un lenguaje raro, concatenando palabras conocidas pero sin sentido para ningún parlante del castellano, anécdotas de película como si realmente me hubiesen pasado a mi, momentos excitantes llenos de vigorosidad y desorden, peleas y discusiones que, más adelante y con el pasar de las horas, se disipaban en cualquier otra cosa como si no hubieran pasado jamás. Creo que sigo dormido, sigo en ese mundo de extraña realidad, todavía puedo agarrar en mis manos los objetos de ese mundo, que mientras tirado en mi cama, existían físicamente, los podía tocar, palpar, sentir su material y arrojarlos con fuerza para comprobar que, efectivamente, la fuerza de la gravedad también los afectaba. Sí. Todo era real. Tenía que serlo. Tiene que serlo.
Habrá sido no más de una hora y media, pero parecieron 5. Otro efecto importante de mi viaje sensorial imaginario fue que todo se hizo más claro. Los sonidos de la realidad y los imaginarios también se amplificaron dentro de mis tímpanos y me permitieron percibir hasta el más mínimo detalle de cambio en el ambiente. Escuché el aire, la música y las texturas. Seguí discutiendo y hablando con quienes compartían mi fantasía, pero todo fue más claro. Y lo más increíble de todo es que tras levantarme varias veces, cortando esta cadena fantástica, al volverme a dormir aparecía todo este mundo nuévamente. Volvían los amigos desconocidos, volvía la mujer vieja de azul con un inexplicable atractivo, volvían las amas de casa salidas del mejor relato del siglo XIX, todo eso seguía presente, intacto, protegido del terrible peligro de la vigilia.
Por último, hubo un simple hecho que me hizo corroborar que esto no era un simple sueño de los de siempre. Pude llevarme de viaje conmigo a mi celular. Mi celular fue el medio de enlace entre la consciencia y la inconsciencia. Durante el viaje pude escuchar como sonaba, como mandaba mensajes y como yo los contestaba. No era el mismo celular recreado en mi mente, era el propio aparato físico existente hasta hoy en día. Yo lo usé en el sueño y el se quedó conmigo, mostrándome que es posible interactuar entre los dos estados. El sueño y la realidad se unieron y yo fui el privilegiado en disfrutarlo.
Todavía no lo entiendo muy bien pero se que después de casi un mes de no escribir, esto me está diciendo: “no te preocupes que todavía hay mucho material dentro tuyo para que sigas creando”.
Y yo le creo.

Post by Ariel Wiznia at 22:04 | Permalink | Comments (2) |
  • Entradas más recientes
  • Entradas Antiguas